Del primer paso a mi primera novela publicada, Cuatro Artistas, Cuatro Sonrisas

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Todavía recuerdo cuando tenía unos once o doce años y comencé, por instinto o por pura estupidez, a escribir una historia sobre los Pokemon (qué lástima no poder regresar a la juventud más tierna). Aquella historia quedó en el olvido y jamás pasó del primer párrafo. Pero cuando cumplí los diecinueve años, durante las vacaciones de Semana Santa del 2010, sentí la necesidad imperiosa de escribir. Y así fue cómo empecé en serio a dedicarme a la literatura. En marzo de este año cumplí cinco años como escritor completamente dedicado. Aunque si soy sincero, hubo momentos en los que odié la literatura y todo el proceso creativo. En 2011 un buen amigo mío me encargó escribir una historia completamente real. Llegué a odiar tanto la falta de libertad creativa que, durante ocho largos meses, no escribí nada. Pero esto me sirvió para aprender que, todo lo que es verdadero en nuestras vidas, regresa inexorablemente. Y así, hacia finales de 2011, comencé de nuevo a escribir, pero en esta ocasión relatos de índole más fantasiosa ambientadas en ciudades del mundo que desconozco. Algunos amigos me han preguntado el porqué, y la respuesta la tengo clara: soy un escritor de ficción puro. Me parece muy loable el trabajo que hacen los escritores de no ficción, pues conocer la verdad es casi tan importante como aprender de ella. Pero no, no soy un escritor de no ficción. Escribir es mi válvula de escape, lo que me sirve para alejarme lo máximo posible de la realidad.

En el año 2012 fue cuando aprendí una de las mayores lecciones que me ha enseñado escribir. Comencé a escribir una novela, mi primera novela terminada, Una historia acerca de las estrellas. Ocho historias cruzadas que se unen por un mismo hilo. Todo muy bonito, pero el proceso que hubo detrás a veces resultaba estresante, y mi inexperiencia en el campo de la novela no me ayudó. Cuando llevaba apenas seis folios del que sería el quinto capítulo de la novela (por aquél entonces no iba a ser más que ése único relato solitario), quería borrar todo y guardar la idea en el cajón del olvido. Por alguna extraña razón continué escribiéndola, y cuando llevaba unos quince folios del relato me di cuenta de que realmente me gustaba lo que estaba escribiendo. Pero la gran sorpresa llegó cuando terminé el relato. No sentí que había finalizado mi trabajo, lo cual me desconcertó mientras, sin saberlo, se abría ante mí una puerta que en realidad era un mundo. De pronto se me vino a la mente la idea de contar la historia de los personajes que se habían quedado «colgados». Y así fue como pasé de tener una historia a cuatro. A medida que iba escribiendo comenzaron a salir otros personajes con voz propia y una historia interesante que contarme, porque como bien dijo Julio Cortázar: «a veces el trabajo de un escritor se parece al de un médium». En el año 2013, tras quince meses de trabajo, terminé la novela con lágrimas en los ojos. El mundo que añoraba, ése que está lejos de lo que todos conocen como «realidad», me había dejado verlo a través de una ventana. Las vistas eran tan bellas que jamás podré olvidarlas. Al poco tiempo de terminarla me di cuenta de la lección que mencioné antes. Si me hubiese rendido ante aquellos seis primeros folios, jamás hubiese descubierto el mundo, mi mundo.

Ya bien entrado el año 2014 comencé una nueva novela. Tiempo atrás había escuchado que un escritor no podía escribir siempre sobre lo mismo. Con ese pensamiento clavado a fuego lento en mi cabeza nació mi segunda novela, Luces del jueves caído. Pasé del plano mágico al más oscuro y terrible de todos. Investigación, asesinatos y, como no podía faltar en mis novelas, amor. Ante tal panorama, temí que mis futuros lectores se preguntasen el porqué del cambio tan drástico. Así que decidí hacer una trilogía de símbolos: Cielo, infierno y tierra. O lo que es lo mismo: Magia, oscuridad y realidad. Para octubre del mismo año ya tenía el primer borrador de Luces del jueves caído. Tras eso me dediqué a repasar el borrador y a enviar el manuscrito de la primera novela a varias editoriales. Conforme me iban rechazando, me iban entrando más dudas sobre si realmente valía como escritor. Había recibido críticas buenas por parte de algunos amigos, pero ellos siempre intentan protegerte un poco. Así que, cuando hace unos meses Planeta, la última editorial a la que envié el manuscrito, me rechazó, supe que era el momento de cambiar de estrategia. Tras unos meses viviendo en Barcelona, volví a mi Galicia natal con tantas lecciones aprendidas que supe que era el momento de empezar una nueva novela y autopublicarla. No sabía bien qué escribiría en ella, ni qué temática tendría, sólo quería escribir. Empecé por escribir a un personaje oscuro, a la deriva, sin saber muy bien cómo acabaría un personaje que pide otra ronda más en un bar de mala muerte mientras se siente la persona más sola del mundo. ¿Suicidio? ¿Magia? No sabía bien por dónde iría su historia, así que me dejé llevar y le di las riendas al personaje. Al terminar me di cuenta de que me ocurría algo similar a cuando terminé el que sería el quinto capítulo de mi primera novela: me faltaba algo más. Y así nacieron Ursula Paisley, Shirley Rickford y Christine Bellamy. Cuatro historias forman la que se conocerá como mi primera novela (la primera de muchas, deseo). Con el paso de los días me di cuenta de que esta novela era una mezcla de los tres símbolos que mencioné antes, lo cual hace ver cómo los tres símbolos resumen lo que es la vida: magia, realidad y, a veces, oscuridad.

Desconozco qué deparará el futuro, pero en mi presente quiero seguir escribiendo la nueva novela (la cual ya tiene un borrador del primer capítulo) que cierra la trilogía de símbolos. Y sin más dilación y tras una larga «charla», os dejo con la sinopsis y los enlaces para quienes quieran adquirir Cuatro Sonrisas, Cuatro Artistas.

Sinopsis:

Cuatro amigos, cuatro historias cruzadas en la Inglaterra actual. Shirley Rickford, directora y crítica de cine, ve cómo la vida se le está escapando y para remediarlo cree que debe encontrar a la persona adecuada con quien formar una familia, pero desconoce que su camino será tortuoso y lleno de oscuridad. Ursula, amiga íntima de Shirley, es una pintora que, tras sufrir un suceso que sacude su mundo, no sabe cómo recuperar la ilusión y dejar de ver todo de color oscuro. Arthur, un escritor empedernidamente romántico, también ve cómo su vida da un vuelco inesperado e intentará recomponer el desfigurado puzzle resultante manteniendo la visión mágica que tiene sobre el amor. Entretanto, Christine, deejay con cierta reputación en la escena londinense, intenta sobrellevar su ascenso meteórico y su posterior caída mientras intenta apoyarse en Ursula para salir adelante. ¿Será suficiente la amistad para superar el dramático suceso?

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