La ciencia, la nueva religión

Antes de nada debo decir que este artículo va a ser más bien una reflexiva crítica sobre la sociedad actual y la que está por venir. Y, es probable, que levante ciertas ampollas en según qué personas. Pero es algo que cada vez me suscita más animadversión, así que sentí la imperiosa necesidad de comentarlo. Y ya lo aclaro antes de comenzar: soy agnóstico.

Cada vez vemos las iglesias más vacías (con razón, todo sea dicho), ya que poco a poco se va imponiendo la nueva religión: la ciencia. El problema de esto es que no cree en un poder supremo, pero sí cree tener un poder absoluto sobre todo. Esto es así que hasta se creen capaces de afirmar que el amor tan sólo dura tres o cuatro años como mucho. Y éste es sólo un simple ejemplo de la frialdad. Muchos pensarán dirán: «es que es la realidad». ¿Qué es la realidad? En la antiguedad (y ahora en menor medida) se creía que un Dios etéreo podría salvarlos. ¿Estában equivocados? No tanto como se cree. Me considero agnóstico, como ya dije, por lo que no creo en un Dios, pero sí en ciertas fuerzas intangibles. Hay personas que, hasta los propios médicos, daban por muertas y que, sin embargo, han luchado por sobrevivir (no hace falta comentar los miles y miles de casos sobre personas que despertaron del coma mucho tiempo después). Por eso creo que la esperanza y la fuerza pueden superar barreras que muchos creyeron imposibles. Y esto es lo que quiero decir: la ciencia nos vuelve fríos y calculadores. «Con lo que le pasó, no saldrá adelante», seguró que comentó algún médico y, la verdad, con esos ánimos seguro que no.

La religión, al menos, suele poseer ciertos valores más… ¿cálidos, tal vez? Entiendo que la religión es algo que ya está desfasado y que, hay muchas cosas, como el desprecio hacia la mujer, que están fuera de todo lugar, pero, como dije, la religión al menos tiene otros valores que sí son positivos. En la ciencia existen una enorme retahíla de experimentos realmente atroces, como transplantes de cabezas en animales (todos ellos fallidos), todo tipo de experimentos con conejos; incluso se llegó a experimentar con personas indigentes. Personas usando de cobayas a otras personas: lo más rídiculo que he visto en mi vida.

Llegados a este punto debo aclarar una cosa muy importante: no estoy ni en contra de la ciencia ni en contra de la religión en sí. Ambas tienen sus cosas buenas, pero se debe aplicar cierta inteligencia, diría que emocional, para saber distinguir las cosas buenas de las malas. La ciencia ayuda a curar enfermedades, mejorar la vida de personas discapacitadas, mejora las formas de comunicación… Todo esto está bien, pero se debe poner en su lugar, y ese lugar nunca estará por encima de las personas. Lo mismo ocurre con la religión, ya que hay casos en los que la religión sirve de motor para cometer crímenes, vilipendiar, burlar, marginar… Pero, todo hay que decirlo, muchas veces no es la religión en sí lo que sirve de motor «criminal», sino la interpretación que se le da a la religión en sí. Me explico. En ningún momento se hace mención en la Biblia, por ejemplo, de que los homosexuales sean unos «desviados» (vaya palabreja). Sin embargo, sí se les insulta, en el término más amplio de la palabra, por todavía gran parte de la sociedad (cada vez menos, por suerte). «Entiendo» que a muchas personas les dé igual si los homosexuales tienen los mismos derechos, pero se trata de que la sociedad en la que vivamos se preocupe más por los temas de verdad cruciales (como el hambre en el mundo, pobreza, calentamiento global, etc.) y menos por quién se acuesta con quien. Al margen de esto, como ya dije, la religión tiene sus puntos buenos. «No matarás», «No robarás», «No darás falsos testimonios»; son algunos ejemplos del catolicismo. Y hablo del catolicismo porque es la que más conozco. 

Como considero que no todo es bueno, pienso que, cada uno, debería hacer un ejercicio interior y preguntarse cómo es y, en base a eso, formarse su «propia religión». Y esto no se entienda como un libre albedrío absoluto, pues si hay una única norma universal e inviolable, es no hacer daño, ni físico ni psicológico, a terceras personas.

Debo reconocer que vivo en un mundo que, cuanto más intento explicar, menos lógica le veo. Y que, cada vez, siento más lejano lo que más importa, como si las luces nos cegasen de tal modo que no supiésemos si estamos vivos o muertos. Tal vez Bukowski tenía razón cuando dijo que los más equilibrados eran los locos.

 

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