Relato: Adiós Señora Marshall

Y hoy, siguiendo la tradición, quiero publicar el que fue mi tercer relato escrito. Una historia sobre un asesinato y la posterior búsqueda de redención, la cual deriva en el encuentro con la religión, la iglesia y con la creación de una institución que baila entre la secta y una conciencia apropiada. Espero que os guste. 

 

ADIOS SEÑORA MARSHALL

 

LA NOCHE

Mi nombre es «cobardía» y os quiero contar la historia de cómo en la noche más fría de New York acabé con la vida de la señora Marshall.

Fue en la noche neoyorquina del 26 de febrero de 1990, yo por aquel entonces era una especie  «vagabundo desquiciado», que lo único que tenía era un arma que había encontrado en el cubo de la basura y las ganas de vengarme del maltrato sufrido por el sistema. Lástima que no supiese darme cuenta antes de que ella no tenía nada que ver con mis propias miserias.

Todo ocurrió en el callejón más oscuro de New York, sobre las diez de la noche. La señora Marshall regresaba a su casa cuando la asalté acabando con su vida, no quiero hablar mucho sobre el mayor error de la humanidad, que no es otro que el odio hacia gente de nuestra misma especie. Yo no tenía nada en contra de la señora Marshall, pero sí en contra de la gente que me había despedido de mi trabajo, dejándome tirado, sin casa y viviendo de las sobras de un restaurante de la avenida 45. Tres días después de aquello la presión pudo conmigo y acabé entregándome a la policía como único culpable de la muerte de la señora Marshall. Los siguientes doce años de mi vida los pasé en la cárcel. De los cuales os voy a contar un par de detalles que me ocurrieron en aquella «vida».

 

PENITENCIA

28 de Febrero de 1994

Os diré que durante los primeros años tan sólo quería salir de allí, pero el 28 de febrero de 1994, me cambiaron de celda y conocí a Robert, una persona que tenía una historia similar a la mía: había asesinado por simple despecho al sistema. El me contó que el que nos hizo provenir, lo hizo para que ayudemos al prójimo, que nadie debe estar dos veces en la muerte, ya que todos somos rescatados de la muerte, para darnos vida.

Esas palabras me hicieron reflexionar y me recordaron que cuando creía que tenía todo: trabajo, dinero, bienes materiales, en realidad no tenía nada, porque para vivir tan sólo nos hace falta una buena compañía, así que me propuse que cuando saliese de la cárcel, mentalizaría a la gente de que si tiene mucho, lo comparta con los que no tienen nada.

25 de diciembre del 2000

Le prometí a Robert que cumpliríamos su sueño de lograr una humanidad sin odio, o al menos que pondríamos un granito de arena para ayudar a conseguirlo. Desde aquel instante decidimos crear una especie de comuna para todos aquellos que no tienen nada y que tan sólo quieren vivir felices.

 

PROPÓSITO DE ENMIENDA

1 de marzo de 2002

En 2002, tras salir de la cárcel, lo único que deseaba era poder reemplazar todo mi odio por ayuda a la gente, por eso empecé lo que he denominado «Vida para los que quieren empezar a vivir». Pero no podía empezar este proyecto sin el hermano que me ayudó a encontrar el camino, Robert. A él todavía le quedaban unos cuantos meses para salir de la cárcel, pero yo me puse a trabajar antes para que, cuando saliese Robert, todo estuviese listo para empezar nuestra nueva vida.

27 de junio de 2002

Este fue el día del inicio de nuestras nuevas vidas, era el momento de ponernos a trabajar en una escuela, relatando nuestras experiencias para que nadie vuelva a cometer nuestros errores.

20 de noviembre de 2002

Tras muchos meses de trabajo y tras estar a punto de abandonar nuestro nuevo camino, lo logramos, conseguimos abrir nuestra escuela de ayuda. Era el momento de empezar el trabajo de la paz interna. En nuestra escuela tenemos un lema: «Nadie se siente mejor por usar armas, tan sólo se descompone por dentro. Si de verdad quieres sentirte realizado, ayuda a alguien que lo necesite, y el vacío que tenias se llenará, los llantos se transformarán en sonrisas y todo estará de nuevo iluminado.»

 

ESTA ES MI HISTORIA

Ahora, tarde, ya muy tarde, es cuando me doy cuenta que no nos toca decidir quién muere; tan sólo nos toca decidir a qué personas queremos en nuestras vidas para poder ayudarlas en todo lo posible, porque sin ayuda no podemos conseguir la paz interior. Espero que la gente no necesite quitar la vida de nadie para darse de cuenta de que nos hará más feliz dar vida que quitarla. Porque el que nos hizo provenir, así lo quiere y para esto estamos en el mundo.

Si os preguntáis cómo me llamo… Bueno, nunca diré mi nombre porque hay dos clases de héroes: los que necesitan ser famosos para sentirse bien y así poder ayudar a las personas, y los anónimos, que tan sólo necesitan que la gente que los rodea estén bien. Yo me considero del segundo tipo de héroes, por lo tanto sólo necesito que, quien lea esto, sepa que la única cura al odio empieza en uno mismo. Recordad que siempre hay más de dos salidas para cada situación. Ser feliz está en cada uno de nosotros.

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