Relato: El Loco del Saxofón

Siguiendo la tradición, os traigo el quinto relato que escribí. Una historia sobre un personaje un tanto estrambótico, y puede que sea el precursor de todos los personajes extraños que escribí posteriormente. Espero que lo disfrutéis.

EL LOCO DEL SAXOFÓN

 

PEQUEÑA MINNESOTA

Mi nombre es Amadeo, y soy un chico español que emigró a los Estados Unidos en para titularme como psicólogo. Mucha gente me había hablado de las maravillas y las facilidades que existían en Estados Unidos —cosa que no es cierta, siempre se exagera—, así que no tardé demasiado en tomar la decisión. En agosto de 2004 llegué a Minnesota. Lo primero que hice fue buscar piso y matricularme en la carrera de psicología. Encontré un piso muy cerca de la universidad donde iba a estudiar —no es que fuese el mejor piso del mundo ni el mejor situado, pero me serviría para vivir mientras me sacaba la carrera, lo que no sabía es que gracias a ese piso, o más bien a ese lugar, encontraría a la persona que necesitaba—.

 

GRACIAS, LOCO BILLY

Habían transcurrido muchos meses desde mi llegada a Estados Unidos, y estábamos ya en la primavera del 2007. Yo seguía sin tener amigos, aunque, la verdad, nunca he sido de tener muchos amigos, como tampoco he sido nunca muy popular; pero pensándolo bien, tampoco los necesitaba, pues me faltaba bien poco para graduarme. Sólo me faltaba el trabajo de fin de grado, aunque, si os digo la verdad, nunca he sido muy creativo y llevaba demasiado tiempo pensando en torno a qué iba a girar mi trabajo, hasta que un día encontré lo que buscaba. En mi clase había una chica, Sophie se llamaba. Era todo lo que se puede buscar en una chica: guapa, inteligente, comprensiva, aguda… En definitiva una maravilla de mujer. Tras varios meses intentado decirle lo mucho que me gustaba, un día perdí el miedo y le propuse quedar para charlar y conocernos. Ni de lejos me esperaba que dijese que sí con tanta claridad. ¿Por qué os cuento esto? Porque aquel día salí a tomar algo y me desvié un poco del camino habitual, y así conocí a Billy, «el loco del saxofón».

Mucha gente en Minnesota había oído hablar de Billy, «el loco del saxofón», pues así lo conocían. Pero ¿quién era Billy? Pues era un vagabundo que vivía en el callejón situado a pocas manzanas de donde yo vivía. Todo lo que le quedaba en esta vida era un viejo saxofón que guardaba en papel de periódico y que también utilizaba como almohada por las noches. Cada noche cogía su saxofón y tocaba durante una hora y media. ¿Que por qué tan sólo tocaba durante una hora y media? Ahora os lo explico.

 

UNA HORA Y MEDIA MÁS

Billy, como os dije, era un vagabundo, pero no siempre estuvo tirado en la calle. Su historia me fascinó tanto que enfoqué mi trabajo en él, y gracias a ello ahora soy psicólogo. ¿Cuál es la historia de Billy? Es la siguiente: Billy siempre tuvo un gran talento para apreciar las cosas de la vida, tenía como una sensibilidad especial, artística. Sus padres se percataron de que tenía un talento especial, por eso no tardaron en inscribirlo en una escuela para músicos. Empezó tocando el piano, pero nunca le gustó, siempre sintió especial atracción por el saxofón; decía que transformaba el aire de nuestro interior en música. Los profesores de la escuela se quedaron embobados con el talento que poseía para componer y tocar.  A los dieciséis años empezó a tocar en una pequeña orquesta. Su talento destacaba tanto que incluso lo dejaban tocar en solitario en cada actuación. Gracias a eso llego a ser músico de jazz. Con apenas veintinueve años ya había algo más de dos millones de discos, y la fama que poseía y el talento iba en aumento. Aprovechó la forma de comunicación que había adquirido para contarle al mundo lo que sentía, y nos mostró un camino hacia la felicidad, únicamente a través del saxofón. Comenzaba a ser considerado como un pequeño profeta. Todo le iba de maravilla hasta que un día, con treinta y cuatro años recién cumplidos, celebró un concierto por su cumpleaños. En pleno concierto se desplomó y todo el público presente se llevó las manos a la cabeza temiéndose lo peor. Billy había sufrido un desmayo a causa del cáncer que se extendía por sus pulmones. Los directivos del estudio discográfico intentaron sacar provecho de la situación, pero Billy no era un hombre que le importase mucho el dinero, por eso decidió que nadie sacaría provecho de la situación y así anunció su retirada para tratar de curarse del cáncer; cosa que fue imposible debido a que ya estaba demasiado avanzado. Como veía que ya no podía hacer nada por su vida, donó toda su riqueza a la gente que no tenía nada y él se fue a vivir al callejón donde, dos meses más después, me lo encontraría. Él me contó que la única pena que tenía era no poder haberle ofrecido al público la hora y media que duraría el concierto, por eso cada noche cogía su saxofón y trataba de tocarle a la vida. Tras contarme aquello sentí la necesidad de que él tenía que volver a demostrar que la vida es perfecta a través de la música. Así que dispuse unas cuantas sillas en el callejón donde vivía y busqué, de muchas maneras, el mayor número de público. El concierto tuvo tan buena acogida que las sillas sólo estuvieron libres unos segundos, y Billy tuvo por fin su último concierto.

 

LA ÚLTIMA GRAN NOTA

La misma noche del concierto, mientras volvía a guardar su viejo saxofón, me agarró del brazo y me dijo, con una voz muy débil: «Todo lo que he tenido en esta vida es la música y ayudar a la gente a ser feliz, y sé que tu destino es ayudar a la gente, por eso quiero que cojas mi viejo saxofón y lo guardes como recuerdo para que, si algún día te ves sin fuerzas, observes este saxofón y sepas que no estás solo en la vida, que siempre habrá alguien que buscándote para oírte tocar. » Esas fueron sus últimas palabras antes de que sus ojos se cerrasen lentamente para no volverse a abrir. La parte de: «siempre habrá alguien que te esté buscando para escucharte tocar», iba dirigida a mí y a la suerte que tuve en encontrarme con él, estoy seguro.

No sé qué hubiese sido de mi vida si no hubiese salido aquel día con Sophie. Seguramente nunca me hubiese encontrado con Billy y no hubiese acabado la carrera de psicología, como tampoco le habría gustado a Sophie, la mujer que amo cada día más. Ella y yo nos casamos en Minnesota, y ahora esperamos nuestro primer hijo al que llamaremos Billy. Tan pronto como crezca, le regalaré el viejo saxofón de mi loco favorito.

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1 comentario en “Relato: El Loco del Saxofón

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