Relato: Cadena de Favores

Hace unos días publiqué el relato: El Loco del Saxofón. Pues bien, hoy quiero presentaros una especie de extensión de dicho relato. Tras el salto, la breve precuela.

CADENA DE FAVORES

 

Durante 1995, en Central Park, todas las noches a la misma hora se veía a un niño de once años con la espalda apoyada en el tronco de un árbol. El niño, según narran los visitantes del parque, siempre estaba vestido de la misma forma: una gorra de beisbol azul, unos pantalones rotos y una camiseta que anunciaba: «GoodBYE». La gente que solía merodear por el parque siempre se preguntaba quién sería aquel niño y por qué estaba todas las noches en el árbol más alejado de todo el parque; la gente incluso llegó a tener miedo del niño; algunos incluso llegaron a pensar que era un fantasma, y a raíz de ese pensamiento dejaron de pasear por el parque. Cuando transcurrieron tres semanas desde que el niño apareció por primera vez, un hombre se atrevió a acercarse a él. Era un hombre joven, de barba muy rala, que siempre iba en compañía de un viejo saxofón. Aquella noche se acercó decidido al niño y le preguntó: «¿Por qué le sigues esperando?». El niño alzó la vista y, con los ojos envueltos en lágrimas, le dijo: «Espero por mi hermano, ¡sé que vendrá a buscarme!». El hombre suspiró y dijo: «Hijo, no tienes la culpa de que tu hermano se haya ido». El niño se levantó exaltado y dijo: «Tan sólo quiero darle las gracias, porque él hizo que todos mis días fuesen felices». A lo que el hombre preguntó: «¿Fuiste feliz?, ¿acaso ahora ya no lo eres?». El niño, mientras caminaba alejándose por entre la intensa neblina, dijo: «Mis días se terminaron. Sólo estoy aquí para hacer saber a la persona correcta que no deje nunca de decir lo que siente por las personas y la vida». Billy, que así se llamaba el hombre, se quedó boquiabierto. Sintió cómo aquel chico se dirigió directamente a él, ¿pero quién era el niño? Eso nunca se supo, pues el chico desapareció aquella noche y jamás se le volvió a ver merodeando por Central Park. Entretanto, Billy, continuó su carrera como saxofonista. Y gracias a las palabras de aquel chico, Billy nunca dejó de decir lo que sentía por las personas y la vida a través de cada uno de los sonidos de su saxofón.

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