Queridad Sociedad

«¿De dónde vas a conseguir las proteínas?, ¿de las verduras?», «Siendo vegano no tienes forma de conseguir B12 sin suplementarte, así que no es natural»… Ya he escuchado estas cosas varias veces. Por eso, y a raíz de recientes discusiones y debates en mi vida personal, estoy hoy aquí, sentado frente a este ordenador, para escribir sobre esta controversia. Así que el artículo de hoy será un tanto personal, un tanto polémico y un tanto explícito (en lenguaje).

 

Todo este tema del veganismo empezó para mí tras ver el discurso de Gary Yourofsky. En aquel momento, coincidiendo con la publicación de mi artículo Vegetarianismo, yo era ovovegetariano. En realidad siempre me dio un poco de «miedo» ser vegano, pues lo consideraba algo ya muy extremista y difícil, pero tras ver el discurso… Bueno, mi mente cambió por completo. Y ahora mismo no estoy de acuerdo con la forma de expresarse de Gary, pero aun así, admiro la forma en la que hace abrir los ojos a la gente —se dice que, gracias a él, un 8% de la población israelí es vegana—. Pero al margen de su forma de expresarse, me hizo abrir los ojos e investigar sobre el veganismo.

Investigué sobre estilo de vida vegano, salud, medioambiente. Y, para mi sorpresa, todo parecía tener un sentido lógico y completamente racional, nada de extremismos, ni sectarismos. Así que, tras ver el discurso de Gary, me hice vegano de la noche a la mañana. ¿Fue difícil el cambio? No, para nada. Y esto también me causó sorpresa, pues suponía que sería algo un tanto aterrador y muy complicado. Pero eso fue los primeros días, porque luego la cosa cambió…

 

El papel de la sociedad

Como ya dije, pensé que la dificultad residiría en elegir qué comer y qué no, o qué prendas comprar y cuáles no. Pero tras unos cuantos días y tras exponer mi ideología a la gente, vi que el rechazo solía ser mayoritario. No un rechazo hacia mí, sino, en cierto modo, hacia el veganismo. Mucho de este rechazo tiene que ver con las propias costumbres. Y es que la mayoría de gente no se ven con fuerzas de realizar un cambio o, simplemente, no les apetece. Es comprensible.

Pero lo que me causa frustración es la indolencia. Hacerle comprender a la gente que no es una cuestión de gustos, sino de ética, salud y medioambiente. Y es que según un informe de la ONU, publicado en el año 2010, es completamente necesario un cambio en la obtención de alimentos, y si a eso le unimos que la producción más sostenible es la de vegetales, no hay que ser Einstein para sumar dos más dos. Luego existen otros estudios científicos que aseguran una muerte de los oceános en el año 2048 si nuestro ritmo de explotación pesquera sigue al mismo nivel. Otros aseguran que para el año 2050 se acabará el agua potable… El panorama, a poco que uno investigue, no es muy alentador.

Y es por esto que me siento frustrado. No porque todo el mundo no sea como yo, vegano; no, porque yo no hago esto por mí, lo hago porque me di cuenta de cuántas cosas hacía mal y me decidí a ponerle remedio. Me siento frustrado porque, aunque expongas, con datos, que hay que hacer las cosas de otro modo, la gente no se preocupa. Y yo no soy el que pide el cambio, sino la ONU, entre otras instituciones. Así que ya no es una cuestión de gusto, es cuestión de actuar.

Pero más allá de todo eso, está otra cuestión que, más que frustrarme, me deprime. Y es que cuando la gente más debe unirse para un cambio, uno percibe el pasotismo, conformismo, costumbrismo… Y te hace ver que la mayor parte de la sociedad es egoísta —en el plano narcistista, pues todos somos egoístas— por naturaleza. Y así tomó cuatrocientos años hasta llegar a la abolición de la esclavitud en Estados Unidos… El problema es que, para este cambio, no tenemos ni cien años.

 

Salud

La USDA, ONU, Asociación de Nutricionistas-Dietistas Española, Asociación de Nutricionistas Argentina… Ya son varias instituciones de renombre que avalan la dieta vegana en cualquier etapa del ciclo vital. Por lo tanto, en este apartado no entraré a comentar demasiado. Me limitaré a hablar sobre la B12.

La vitamina B12 es de origen bacteriano, por ende no la producen las vacas o los cerdos. Ellos, al igual que nosotros, la obtienen a través de su ingesta. Las vacas, por ejemplo, la obtienen de comer hierba —siempre y cuando el suelo sea fértil y no esté contaminado, pues entonces los microorganismos de la B12 no están presentes—. Entonces, sí, la B12 debe ser suplementada en una dieta vegana —como, posiblemente, también en una omnívora—. Pero esto sirve como pretexto a muchos para decir que la dieta vegana no es «natural». Natural, natural… ¿Lo natural es matar a un animal porque, puestos en ese caso, necesitamos la B12? Dentro de lo natural o humano no debería entrar la palabra matar.

 

Conclusiones

Soy una persona justa, y entiendo el porqué se consumen productos de origen animal. Y es que a quién no le gusta el queso o un helado. Por eso os voy a contar una pequeña anécdota que me pasó hace una semana. Yo, antes de ser vegano, usaba desodorante de la marca Lactovit. Cuando me hice vegano lo seguí usando, inconscientemente. Un día, en el supermercado, me detuve a leer qué llevaban los productos de Lactovit. Y sí, obviamente, proteína de leche. Pese a que el daño ya estaba hecho, dejé de usar Lactovit. Lo que quiero decir es que entiendo que uno no tenga plena conciencia del lugar del que proceden los alimentos o productos, pero ahora casi cualquiera tiene acceso a un teléfono móvil con internet, y cuando uno se da cuenta de esto, simplemente actua en consecuencia, racionalmente.

Dejando a un lado eso, quisiera hablar sobre el maltrato animal y su relación directa con la esclavitud. En la época de la esclavitud, las personas eran forzadas a trabajar por comida y techo —con suerte—. Los animales tanto de lo mismo. Supongo que será difícil empatizar con los sentimientos de una vaca o un cerdo, por eso os pido que os pongáis en el lugar de un esclavo.

No me voy a extender mucho más, sólo quiero deciros que soy consciente de que hay otros muchos problemas en la sociedad —violencia, falta de trabajo, enfermedades…—. Pero el problema viene cuando, en vez de actuar, ponemos una foto en una red social para decir que estás en contra de tal cosa; y eso no está mal, no todos tenemos que ser activistas, pero cuando corresponde hacer algo, cuando de verdad puedes hacer algo que ayude, entonces uno se refugia en las excusas y en su propio ego. Y ya me diréis qué esfuerzo causa preparar pasta en vez de un trozo de carne de un animal muerto.

 

 

 

 

 

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