Siete errores comunes a evitar en la narrativa

En el fragor de la escritura, uno puede perderse y terminar cayendo en situaciones que, a todas luces, se deben evitar. Y aquí os traigo una lista de los siete que, para mí, son los peores y a la vez más comunes errores.

 

«Es un sentimiento indescriptible»

Si gran parte del trabajo como escritor es, precisamente, dar a comprender sentimientos complejos y te sales por la tangente con un «pues no lo podría describir» es que estás fallando.

 

Exceso de detalles

Nadie quiere saber la granulosidad del pan que se está comiendo un personaje secundario ni cuántas «varices» tiene cada hoja del árbol que el protagonista tiene en su jardín. Contar historias también es dejar una puerta abierta a la imaginación y no agobiar. El buen escritor acompaña, no agobia.

 

El eterno otorgamiento de diálogos

No hace falta escribir en cada línea de diálogo quién ha dicho qué. Si en una discusión entre dos personas sobre si es mejor color el negro o el azul, está claro que, con aclarar al principio quién está a favor del negro y quién del azul, ya basta.

 

El Malo Malísimo

No digo que no existan las personas que de nacimiento ya son unos seres despreciables, pero no es, ni de lejos, la mayoría de casos. La mayoría de «malos» se hacen, no nacen. Y por eso se debería evitar todo tipo de narración en la que el malo está puesto ahí únicamente para que lo odies y para que el bueno de turno tenga alguien a quien enfrentarse.

 

El Bueno Buenísimo

Siguiendo con el anterior punto, también está el otro extremo: el bueno que tiene una conducta impecable. Y en este caso creo que no existe tal cosa. En la historia no ha habido ni un sólo ser venerado que no haya tenido sus puntos oscuros. Por lo tanto, crear un protagonista que, de lo bueno que es, resulte poco creíble, es igual de terrible que hacer el «Malo Malísimo»; puede que incluso peor.

 

Deus Ex Machina

Éste es, probablemente, uno de los más comunes. Y es que cuando una trama se estanca, uno tiende a buscar soluciones donde, literalmente, no las hay y se termina recurriendo al personaje que aparece de la nada para salvar la papeleta. Mi propuesta es que muestres las cartas de antemano y juegues con ellas hasta el final de tu relato/novela.

 

El final de Los Serrano

La cara de tonto que se te puede quedar tras leer cuatrocientas páginas y ver que todo era un sueño del protagonista sólo es equiparable a la cara que se te queda tras ver ciento sesenta y cinco episodios de una serie y descubrir, de mala manera, que todo lo que te contaron era un mal sueño. Así que, si no sabes cómo rematar tu novela, busca la forma. Por favor.

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